La primera edición en Braille del Quijote

El pasado sábado 4 de enero se celebró el Día Mundial del Braille por segundo año consecutivo. El Braille es un conocido sistema de lectura y escritura que utilizan las personas ciegas o con deficiencias visuales, su nombre se debe a su diseñador el pedagogo francés Louis Braille (1809-1852). Este sistema consiste en la colocación de puntos con relieve perceptible al tacto en columnas de tres y filas de dos puntos. La disposición de los puntos forma 64 combinaciones básicas a través de las cuales es posible representar letras, números, símbolos e incluso, notación musical.

Louis Braille nació el 4 de Enero de 1809, fecha en la que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas eligió para proclamar el Día Mundial del Braille en el año 2019. La conmemoración de este día pretende generar conciencia sobre la importancia de este sistema de comunicación. Este sistema es relevante pues su enseñanza y utilización permite que las personas que presentan alguna discapacidad visual puedan acceder a la información, a la educación y sobre todo, supone la garantía de sus derechos humanos.

En este contexto recordamos a Anselmo González, director del Colegio Nacional de Ciegos de Madrid, quien junto a la Imprenta de dicha institución editaron por primera vez el Quijote de Cervantes en Braille.

En un artículo publicado en la revista española La Esfera en el año 1925, Anselmo González explicó que el desarrollo de la imprenta de libros en Braille tuvo que sortear dificultades tanto económicas como técnicas. A mediados del siglo XIX, se utilizaba la misma técnica de la imprenta corriente, pero este sistema resultaba muy costoso. En 1849, Laas d’Aguen desarrolló la estereotipia, un sistema que consistía en grabar con punzón y martillo sobre una plaza de cinc, pero era un proceso muy lento y fatigoso. Posteriormente, los norteamericanos incorporaron máquinas. Todos estos procedimientos iban encaminados a utilizar mejor el papel, ya que “un volumen de 300 páginas de impresión corriente […] puesto en Braille, es un libro en ocho ó diez volúmenes de un total de 1000 páginas” (González, 1925, p. 19).

En esta línea de técnicas y procedimientos, la Imprenta del Colegio Nacional de Ciegos de Madrid empleó una máquina para mecanografiar en Braille, con la que pudieron editar libros a menor costo y emprender la tarea de hacer la primera edición en Braille del Quijote en 1925 coincidiendo con el centenario de la invención del método de lecto-escritura. González reconoce, sin embargo, que la impresión de libros en Braille seguía siendo costosa y que para difundir ese tipo de libros era necesario hacerse con la ayuda de sociedades benéficas o con subvenciones del estado.

Además, enfatizó en la dificultad de promover el hábito de la lectura entre ciegos, una cuestión requería financiamiento y locales amplios, distintos a los espacios disponibles o viviendas de la época. Para resolver esta situación, González consideraba “necesario fundar el mayor número posible de bibliotecas circulantes que con grandes fondos faciliten á los ciegos, para lectura á domicilio, cuantos libros puedan necesitar” (González, 1925, p. 19).  Hoy podemos decir que se ha recorrido un largo camino respecto a las políticas de acceso a la cultura desde 1925 y aun así la instauración del Día Mundial del Braille viene a reafirmar la necesidad de seguir avanzando por las mismas razones.

 

Fuente:

González, A. (1925). Libros para ciegos, cómo los hacen y cómo se leen. La Esfera, XII (600), 18-19. Disponible en hemerotecadigital.bne.es

 

Gén Núñez
Jaime Valenzuela

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